sábado, 29 de mayo de 2010

La muerte de Lucy Blackman

Lucy Blackman era una joven inglesa, de tan sólo 21 años, azafata de profesión pero atraida por la cultura japonesa.
Sabiendo que podía trabajar de señorita de compañía en Japón, que a diferencia de Europa o América no es precisamente ser prostituta ni tan siquiera de alto standing, dejó su trabajo en la British Airways y, junto con su amiga y compañera Louise Phillips, dió un giro repentino a su vida. Se marchó a la tierra del sol naciente y comenzó a trabajar en "Casablanca", un club nocturno de Roppongi, el distrito de entretenimiento de Tokio, en la que las chicas rubias y de ojos azules están consideradas fetiches...
por los japoneses, que llegan a pagar verdaderas fortunas sólo por invitarlas a unas copas y en algunos casos "sacarlas" del local para ir a cenar y tratar de hacer ver a los demás que se relacionan con chicas occidentales.
Esa era la tarea de Lucie Blackman. Allí trabó amistad con Obara, un promotor inmobiliario. Se desconoce si Lucie Blackman lo conoció aquella noche de julio en la que desapareció, tras decir que se iba acompañada de un hombre, o ya se conocían de veladas anteriores. Nada se supo de Lucie hasta siete meses después. Su familia hizo verdaderos actos de presión, tanto a la justicia japonesa como a la británica e incluso en una ocasión que el primer ministro Tonny Blake, viajó a Tokio aprovecharon el momento para conseguir esos puntos de atención para con su problema. Pero eso no iba a impedir que los restos del cuerpo mutilado de la joven, incluida su cabeza con restos de hormigón, aparecieran en una cueva a orillas del mar, cercana a uno de los apartamentos de Joji Obara. El caso levantó mucha expectación en Japón, debido a que la desaparición de Lucie Blackman cautivó el interés de los medios de comunicación británicos. Sin embargo, el hombre de negocios japonés fue considerado inocente. No había pruebas suficientes. La fiscalía de Tokio apeló en la primavera del 2007. Pudo probar que Obara compró una sierra eléctrica y halló más pruebas en la cueva que le incriminan. Se encontraron restos de cemento, bolsas de plástico y cinta adhesiva. Todo ello contribuyó a demostrar que Joji Obara era culpable de raptar, golpear, violar, causarle heridas y abandonar el cuerpo de Lucie. Pero no pudo presentar la prueba concluyente de su asesinato. No obstante, la justicia japonesa condenó a Obara, de 56 años, a cadena perpetua por una serie de delitos sexuales. Fue declarado culpable de raptar y violar a ocho mujeres. Siempre usaba la misma técnica: las drogaba. El problema le llegó el día que se le fue la mano y provocó la muerte de una joven australiana de 21 años, llamada Carita Ridgway, que murió en el hospital en 1992.
Seguramente Lucie corrió la misma suerte. Nadie pudo probar quién la mató, pero el hecho de que Joji diera 460 mil libras estelirnas a cada uno de los miembros de la familia de Lucy en concepto moral, ya que si él no hubiese querido pasar el día de la desaparición de la joven con ella, esto no hubiese sucedido, da a entender que muy inocente no se sentía.
Dinero que encima dio al traste con la unión familiar ya que a pesar de que en Japón es normal este tipo de "donaciones" por parte de quien realmente no se siente muy inocente, en el mundo occidental no está, que digamos, bien visto, por lo que al aceptar el padre de Lucy esa cantidad de dinero sin esperar a que finalizara el juicio, que por otra parte duró 4 años, le acarreó el divorcio, puesto  que la madre de Lucy no podía entender que el padre aceptara esa cantidad de dinero antes de la finalización de dicho juicio, viendo y sintiendo este acto como una especie de trato para acallar la historia, y una traición a la memoria de Lucy.
Sinceramente me pasaría lo mismo. 

0 comentarios:

Publicar un comentario